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Ausencia de propósito o metas claras
Cuando no tenemos un objetivo bien definido o una dirección clara en nuestras actividades, es más fácil comportarnos como autómatas. Si no sabes qué canción quieres aprender, qué técnica mejorar o cómo progresar en tu práctica, tu cerebro optará por lo más sencillo y placentero: actividades pasivas como las redes sociales o la televisión.
Aquí es donde cobra importancia el establecer metas claras y realistas. Por ejemplo, en vez de decir Hoy quiero tocar la guitarra, puedes proponerte algo específico como Hoy voy a practicar el cambio entre los acordes G y D durante 15 minutos.
Tener un propósito definido no solo te ayuda a evitar distracciones, sino que también te da una sensación de progreso y logro, algo que las actividades pasivas que mencionamos no te pueden ofrecer.
Gratificación instantánea: el peligro del placer fácil
El contenido en redes sociales y la televisión están diseñados para ofrecernos recompensas inmediatas. Un vídeo corto, un like o un capítulo de una serie nos generan pequeñas dosis de dopamina, el neurotransmisor del placer. Sin embargo, este placer es efímero y superficial, y no nos aporta una sensación de satisfacción duradera. Lo que sí proporciona verdadera satisfacción son las actividades que requieren esfuerzo y nos acercan a nuestros objetivos.
El gran problema es que nuestro cerebro se acostumbra a lo fácil, y esto reduce nuestra capacidad de concentración y tolerancia al esfuerzo prolongado, haciéndonos sentir que las tareas más importantes son abrumadoras.

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